Hay una idea bastante instalada en las empresas:

si necesitamos coordinarnos, hacemos una reunión.

  • ¿Hay un problema? Reunión.
  • ¿Hay que tomar una decisión? Reunión.
  • ¿Hay que informar al equipo? Reunión.
  • ¿No sabemos cómo resolverlo? Otra reunión.

Hasta que un día miras el calendario y descubres que has pasado prácticamente toda la mañana reunido.

Y todavía tienes que encontrar tiempo para hacer tu trabajo.

Esto tiene un nombre: Reunionitis.

No estamos diciendo que las reuniones sean malas.

Una buena reunión puede ahorrar días de trabajo, acelerar una decisión o resolver un problema complejo en 30 minutos.

El problema aparece cuando reunirse se convierte en la respuesta automática de una organización.

Y ahí es donde empieza el verdadero coste.

El problema no es tener reuniones. Es tener reuniones que no aportan valor.

Una investigación publicada en el Journal of Business Research, con empleados de 41 países, encontró que menos de la mitad consideraba que sus reuniones habituales fueran un uso eficaz del tiempo. Entre los problemas señalados estaban las invitaciones a reuniones poco relevantes y un diseño deficiente de las reuniones. (ScienceDirect)

Microsoft llegó a una conclusión parecida en su Work Trend Index: las reuniones ineficientes fueron identificadas como el principal obstáculo para la productividad, por delante incluso de otros problemas habituales del trabajo de conocimiento. Tener demasiadas reuniones aparecía también entre los principales disruptores. (Microsoft)

No es una sensación.

Es un problema de gestión.


¿Cuánto cuesta realmente una reunión?

Una reunión de una hora no cuesta una hora.

Si participan 8 personas, acabamos de consumir:

  • 8 horas de trabajo.

Si cuesta 50 € la hora de media:

  • 400 € por una reunión.

Si ocurre cada semana:

  • 20.800 € al año.

Y eso es solo el coste directo.

No hemos contado el tiempo necesario para prepararla, los minutos que se pierden entre reuniones, las interrupciones ni el trabajo que se queda para después.

Por eso una de las primeras preguntas que debería hacerse cualquier empresa es:


¿Cuánto estamos gastando realmente en reuniones?

El coste invisible: no tener tiempo para trabajar

Este es, probablemente, el problema que menos se mide.

Una agenda llena de reuniones no solo consume horas.

Fragmenta el día.

Reunión.

15 minutos.

Otra reunión.

10 minutos.

Teams.

Email.

Otra reunión.

Y cuando finalmente tienes una hora libre, ya no tienes una hora de concentración.

Tienes una hora entre reuniones.

Microsoft ha encontrado que los empleados están siendo interrumpidos por una reunión, email o notificación aproximadamente cada dos minutos durante la jornada laboral. (Microsoft)

La consecuencia es bastante sencilla:

cada vez cuesta más encontrar tiempo para pensar.

Y pensar también es trabajar.


Entonces, ¿qué hacemos?

No creemos en la solución fácil de:

“A partir de ahora, prohibimos las reuniones.”

Tampoco en convertir cada lunes en un No Meeting Day porque esté de moda.

Las reuniones son necesarias.

La cuestión es otra:

1. Preguntar si realmente necesitamos reunirnos

Antes de enviar una invitación:

¿Podemos resolverlo sin una reunión?

2. Tener un objetivo claro

Una reunión debería tener una razón concreta para existir.

  • Informar.
  • Decidir.
  • Crear.
  • Resolver.
  • Coordinar.

Pero no simplemente:

“hacer seguimiento”.

3. Invitar a menos personas

Más participantes no significa necesariamente mejores decisiones.

Si alguien no necesita aportar, decidir o conocer algo en tiempo real, quizá no necesita estar.

4. Reducir la duración

Una reunión de 60 minutos no tiene por qué durar 60 minutos.

Probemos con 45.

O con 25.

El tiempo por defecto también es una decisión.

5. Proteger el tiempo de concentración

  • No podemos pedir productividad mientras llenamos el calendario de reuniones.

El Focus Time no es tiempo libre.

  • Es tiempo de trabajo.

6. Medir

  • Número de reuniones.
  • Horas.
  • Participantes.
  • Coste.
  • Duración.
  • Decisiones.
  • Acciones.

Porque lo que no medimos, difícilmente podemos mejorarlo.


La solución no es tener menos reuniones. Es tener mejores reuniones.

Una investigación reciente sobre el denominado meeting load paradox encontró que las reuniones pueden aportar valor —coordinación, participación y colaboración—, pero que ese beneficio no crece indefinidamente: a partir de determinado nivel, la carga de reuniones empieza a convertirse en un coste para los propios profesionales. (ScienceDirect)

Esta es la parte importante.

No queremos una empresa sin reuniones.

Queremos una empresa donde cada reunión tenga una razón para existir.

Donde una reunión termine con una decisión, una acción o un resultado.

Donde el calendario no sea una medida de importancia.

Y donde los profesionales tengan tiempo para hacer aquello para lo que fueron contratados.

Eso es lo que llamamos combatir la Reunionitis.


Y este es nuestro punto de partida

En Reunionitis estamos construyendo una iniciativa para ayudar a empresas y profesionales a diagnosticar, medir y reducir las reuniones improductivas.

Estamos desarrollando una metodología propia, herramientas de diagnóstico, plantillas, recursos y una calculadora para entender cuánto tiempo y dinero se nos está yendo en reuniones.

Porque antes de intentar mejorar las reuniones de una empresa, hay una pregunta mucho más sencilla:

¿Sabes cuánto te están costando?

👉 Empieza con nuestra Calculadora de Reuniones.

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